lunes, 18 de diciembre de 2017

Sísifo y el correcaminos

¿Qué pasaría si el coyote consigue alcanzar a su adorado correcaminos? ¿Qué pasaría si Sísifo finalmente logra subir y dejar en equilibrio la piedra en la cima de la montaña?


Existe un final alternativo para la eterna persecución en el que el coyote consigue cazar al correcaminos, con una piedra, precisamente; tal vez sea la misma que se cayó de la montaña de Sísifo. Podéis ver el vídeo de 2 minutos aquí: Coyote and Roadrunner the final chapter.

Sobre esto he pensado mucho los últimos años, y tal vez por eso al encontrarme con este gabinete de curiosidades llamado La piedra de Sísifo, no tuve dudas de que era el lugar en el que quería desparramar las cosas que me pasan por la cabeza. Cada artículo del domingo es como una piedra subida hasta la cima, que se vuelve a caer, y así cada semana incansablemente subiendo rocas. Como curiosidad, sabed que mi nombre es vasco, y en euskera la palabra Harkaitz, quiere decir piedra o roca.

El detonante de la historia sobre esto de perseguir sueños inalcanzables, fue una frase que vi escrita el día antes de llegar por primera vez como peregrino a Santiago de Compostela. Os pongo aquí un enlace a mi blog, por si queréis echarle un vistazo al texto que empecé de aquel maravilloso mes que me cambió para siempre. Fueron 37 páginas que tecleé tímidamente, y que abandoné al toparme con la historia que se convirtió en un libro.

La frase fue: «LA META ES EL CAMINO».

Era por la tarde y ya nadie estaba en el camino en el tramo final, en el que la mayoría de los peregrinos solo caminan por las mañanas, y por eso estaban todos los bares cerrados. El pueblito por el que pasaba estaba desierto, y bajando un trecho empedrado vi a la derecha una frase escrita en el cajetín de los cables de un poste de madera a medio caer: «La meta es el camino». Estaba escrito con un rotulador gordo, sobre un texto más antiguo casi borrado que decía «El camino es la meta». Entonces me di cuenta de que aquella simple frase encerraba muchas cosas que había aprendido tras caminar en solitario casi un mes.

Empecé en Roncesvalles, lo que parecía una eternidad atrás, al lado de una indicación de tráfico que decía «Santiago de Compostela 790Km». Realmente daba miedo pensar en ello. En este momento me faltaba llegar al albergue y dormir para hacer la última jornada, nada más. Fue un mes de sangre, sudor y lágrimas los primeros días, y euforia y alegría los últimos. Tuve que ir al hospital por la infección de una picadura de araña, y casi me rendí por una horrible tendinitis en los dos tobillos. Al ver esa frase, todo aquello quedaba muy lejos, y aunque tenía los dedos pequeños de los pies en carne viva, ya nada me iba a impedir terminar lo que le había prometido a mi orgullo.

Entonces me desinflé al entender que la meta es el camino, es decir, cada uno de los pasos que se da. El objetivo no es llegar a ningún sitio, porque al único lugar que tenemos que llegar es a nosotros mismos. La vida consiste tan solo en disfrutar de cada paso que se da hacia ese hogar al que todos llegaremos al fin. Por eso me desinflé, y me di cuenta de que el tan ansiado sueño de llegar hasta Santiago no era tan importante una vez que me encontraba en paz con mi pasado, presente y futuro. Sentía por primera vez en la vida que no le debía ya nada a nadie, y sobre todo no me tenía que demostrar nada a mí mismo. Eso significaba la meta es el camino, o el camino es la meta.

Por eso, al ver el final alternativo del coyote que caza al correcaminos, pensé que tal vez la vida consista en perseguir correcaminos inalcanzables, y si por fortuna o azar una piedra nos lo brinda, ¡deberemos buscar un nuevo correcaminos!


«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».

Horizonte infinito entre Burgos y León

Don`t STOP walking

Hace ya más de 5 años que hice mi primer camino a Santiago. Lo empecé en Roncesvalles, deprimido y en muy mala forma. Decidí hacerlo del tirón y cogiendo todas las vacaciones del año juntas para escapar de la rutina que entonces me ahogaba. Lo terminé en Fisterra, eufórico y feliz, tras aproximadamente 1.000km y 32 días de aventura.


Tras aquella experiencia dejé aparcado el libro que tenía empezado, y que ahora mismo está en un cajón, a la espera de tal vez ser escrito, y empecé otro sobre aquel mes providencial y decisivo en mi vida. Después llegó la historia que sí tenía que ser escrita completamente, y dejé aquel borrador en 37 páginas tecleadas tímidamente y con poca confianza.

Texto completo: Don´t STOP walking.pdf

El título se me cruzó en el camino, en forma de señal de tráfico que decía ya casi llegando a Santiago de Compostela que no dejase de caminar... Fue el mismo día que en una escondida esquina vi escrito que "La meta es el camino".

jueves, 14 de diciembre de 2017

Cómo ha influido Internet en la pirámide de Maslow

Este artículo tiene tres partes bien diferenciadas: la imagen que viene a continuación da pie para que os cuente cómo de mal lo he hecho yo desde que caí en el agujero de Internet. Después, aunque no es necesario leer mis palabras, os propongo a través de esta nueva revisión de la pirámide de Maslow que penséis cómo de mal lo habéis hecho vosotros hasta ahora.


Pincha para verlo más grande

Ayer hacía un día fabuloso y fui a caminar por el pueblo. Crucé el parque de Mª Luisa, paseé por la ribera del Guadalquivir hasta el puente de Triana, y me senté allí un rato al lado de un gran árbol. Al no llevar el móvil conmigo, me fijé en la gente que pasaba por enfrente de mí, con sus electrodomésticos de última generación para hacer fotos, escuchar música, ver sus redes sociales o la prensa, hablar con alguien los menos, etc… ¡Es como si nadie estuviera allí en ese momento!
Volví andando a casa, y fui repasando mentalmente lo que arriba he dicho que iba a contar, es decir, cómo ha influido en mi vida caerme en el agujero de Internet y las redes sociales en los últimos años:
Un poquito antes de los 30, el 1 de febrero del 2012, abrí mi 1ª cuenta de usuario en Facebook. Recuerdo la fecha porque aquella tarde había quedado con mi mujer para hablar del divorcio y esos detalles como quién se queda con el perro y los muebles. En Facebook fui recuperando el contacto con viejos amigos perdidos en el tiempo y el espacio. Si no hubiera existido esta red social, creo que la forma de masticar mi soledad habría sido diferente. No sé si mejor o peor, pero diferente desde luego.
Ese mismo verano del 2012 me fui al camino de Santiago, desde Roncesvalles hasta Finisterre, 1 mes, yo solo. Tenía un viejo teléfono Nokia del trabajo, sin WiFi ni datos ni ninguna modernidad. Lo encendía, un día sí y dos no, por la tarde al llegar al albergue y después de ducharme, para enviarle a mi hermano un sms diciendo: «Todo bien». Esperaba a recibir el suyo que siempre decía: «Aquí también». Aquel mes no leí la prensa ni vi la televisión, y mientras caminaba tampoco tenía cómo escuchar música… y no echaba de menos ninguna de estas cosas. Algún día llamé para hablar con mi madre, y el 21 de junio, al llegar a Santiago de Compostela envié a toda mi gente un sms de agradecimiento.
El 2013 y 2014 fueron años de transición hasta que vendí la casa que tenía con mi ex, y me fui de alquiler. En el Facebook tenía unos 100 amigos, a veces más, y mucha actividad, porque me aburría bastante en el trabajo. Por la tarde y los fines de semana seguía sin tener Internet en casa ni WiFi o datos en el viejo Nokia del curro, así que salí mucho a tomar cervezas con mis amigos y corrí, caminé y pedaleé, y viajé y me divertí. Y seguí sin ver la televisión y leer la prensa.
A primeros del 2015 mi padre me regaló un teléfono que le habían dado al contratar una nueva línea telefónica. Metí la tarjeta del teléfono viejo en este nuevo, y empecé a tener WhatsApp cuando estaba conectado al WiFi de casa de ellos o en algún bar concreto. Desde el balcón de mi piso de alquiler, si estiraba el brazo también me entraban a veces los mensajes si las condiciones eran propicias para conectarme al WiFi municipal. Por aquel entonces empecé a conocer qué es eso de tener grupos de WhatsApp y mensajes y saber si has leído el último o están en línea y cosas de esas que os sonarán a casi todos. En el Facebook de vez en cuando me daba de baja o desactivaba mi cuenta, pero luego volvía como un yonki a la María.
Hasta que me fui en el verano a mi 5º camino hasta Santiago, y un hombre de dijo lo de «Atento a lo que no se ve» y todas esas cosas que ya he contado sobre mi libro. Aquel año tenía Facebook y WhatsApp, pero no les hice mucho caso en el peregrinaje. Y a la vuelta decidí dejar el trabajo y cerré mi cuenta de Facebook, y me salí de todos los grupos, y como me quedé sin móvil del curro, tuve que darme de alta con un nuevo número, así que aproveché a dárselo solo a las personas que de verdad quería siguieran en mi vida. Ahora mismo son 72 contactos de WhatsApp, y aunque tengo una página de Facebook con mi nombre, que apenas siguen 125 personas, ya no volví a abrir una cuenta de las normales para estar en contacto con “amigos”.
En el 2016 me dediqué a escribir a tiempo completo, y es que para eso había dejado el trabajo, y hace unos meses empecé a colaborar aquí con mis artículos de los domingos, desde aquel primero de junio titulado Esquizofrenia de la prisa. El futuro no lo puedo adivinar, pero sé que traerá nuevas experiencias, y como decía aquel: «No os preocupéis por el día de mañana, porque se cuidará así mismo».
Lo que sí tengo claro, es que este domingo no encenderé el móvil.

martes, 5 de diciembre de 2017

10 estrategias de manipulación mediática

Por Sylvain Timsit


1.- La estrategia de la distracción.
   El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales”.
2.- Crear problemas y después ofrecer soluciones.
   Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3.- La estrategia de la gradualidad.
   Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4.- La estrategia de diferir.
   Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5.- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
   La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantil. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad”.
6.- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
   Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7.- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
   Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores”.
8.- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
   Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
9.- Reforzar la autoculpabilidad.
   Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10.- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
   En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

lunes, 4 de diciembre de 2017

El romanticismo de las cartas escritas a mano

   Ha sido una agradable sorpresa, por inesperada, haber recibido una carta postal escrita a mano. Es de un lector al que le envié un libro hace unas semanas. Por si el hombre quería ponerse en contacto conmigo, le puse en la página final del libro mi dirección de correo electrónico, pero me ha escrito antes de terminar de leerlo, y ha sido a mano y por carta…


   Hace unas semanas recordé que había prometido enviar un ejemplar del libro, terminado, a varios de los personajes que en aquel periplo se cruzaron, para mi fortuna, en mi camino. Uno de ellos fue el abogado que me llevó el asunto de la denuncia a la empresa. Cuando pasó el juicio y me mudé aquí para empezar una nueva vida, me despedí de él, y le dije que le llevaría un ejemplar del libro que iba a escribir en el año sabático que comenzaba en aquel mismo día de junio del 2016.

   Hoy he recibido una carta que el funcionario de correos ha dejado asomada por debajo de la puerta. La he recogido del suelo, y he sonreído al ver que era del abogado. Dentro había una hoja escrita por una cara, en la que me dice cosas como estas: «Enhorabuena por ser el capitán de tu destino y conseguir tus objetivos, a pesar de las tempestades y reveses de la vida.» Además, me dice que está leyendo el libro, y le está gustando, y le parece interesante.
   También hoy he escrito un correo electrónico a otro amigo del que me acuerdo muchas veces, pero para el que no acababa de encontrar el momento de mandarle noticias. Han sido unas breves líneas diciéndole las últimas novedades y preguntándole qué tal le va. Pero una cosa, es decir, el correo que he escrito, al que ha seguido el hecho de recibir la carta postal del otro, me ha llevado a pensar en la cada vez mayor superficialidad de las relaciones personales:
   Pienso que la amistad no se deteriora ni empobrece por dejar de verse con asiduidad; tengo amigos a los que no veo todos los años, y otros con los que no hablo casi nunca. Pero la fuerza invisible que mantiene los lazos fuertes, siempre es la comunicación auténtica y sincera, dejando de lado los remilgos y los tratos corteses. La gente que me gusta es la que no tiene miedo de desnudar su alma, y si es preciso llorar en medio de una conversación sobre algo que quema por dentro.
   Por otro lado, están el resto de relaciones sociales, que no deberían confundirnos. Afortunadamente, soy de los que todavía recuerdan, porque fuimos niños criados en la prehistoria de la tecnología moderna, cuando mi vecino saltaba el muro entre su casa y la mía, para llamarme a la puerta y preguntarme: «¿Quieres salir a jugar al fútbol?». Era fácil y era simple. Ahora es todo más complicado:
   Ahora los chavales se creen que tener 700 seguidores en Instagram los hace populares. ¡Conozco un perrito que tiene más de 1.000! Pero a él le da igual, porque lo que más quiere en el mundo es que sus dueños le den mimos y salgan a correr con él por el parque.
   No somos tan diferentes a los perros.
   Corremos el riesgo de sentirnos solos rodeados de miles de ‘me gusta’, cuando es más sencillo hacer una llamada por teléfono y preguntarle a un amigo qué tal le va; o quedar a tomar unas cervezas y en vez de ver el fútbol o hablar del trabajo, preguntar al otro «¿Qué tal?», esperando una respuesta que no sea la de «Ya sabes, aquí, luchando».
   Me gustan mis amigos, y me gusta hablar con ellos y preguntarles qué tal, y escuchar la respuesta… Me gusta que me pregunten, y contestar sinceramente… Me gusta desviarme de la ruta para parar a visitar a alguien, aunque no lo tenga como amigo en Facebook… Prefiero mirarle a los ojos a una persona que llora contándome un problema, que sonreirle a la cámara de un teléfono y elegir una entre 300 fotos para recibir un poquito de cariño virtual.
   También me gustan las cartas escritas a mano, con mala letra y tachones, y las postales de las vacaciones, aunque nada más que digan: «Me acordé de ti».

martes, 28 de noviembre de 2017

Concurso de pavo reales

   Continúo por donde lo dejé la semana pasada, en la que escribí sobre el flamenco más rosa, como ejemplo de lo que las personas, a veces, queremos creer que es el éxito. Pero el éxito es una trampa que nos condena a compararnos, e invariablemente perder. Los mejores nunca ganan, y nunca pierden… porque los mejores no compiten.


   Hace algún tiempo estaba tomando una cerveza en la plaza de moda de la ciudad. Era el domingo al mediodía, día D a la hora H, en el lugar de costumbre. Iba allí con curiosidad antropológica para observar las costumbres de los pavos y las pavas… reales. La mayoría de las personas estaban vestidas como si aquella plaza pública fuera el salón más chic del Country Club: zapatos lustrosos, calcetines de 80€, pantalones demasiado cortos para que se vea la marca del calcetín, camisas con un cocodrilo estampado, pelos engominados y gafas de sol con cintas de colores. ¿Qué sentido tiene todo eso? ¿Por qué a la gente le gusta participar en los concursos de pavos reales? ¿De verdad les gusta, o se sienten obligados por la presión social? ¿Quién marca las normas de estilo y conducta?
   Seguramente en alguna de esas conversaciones de domingo, en la plaza, entre cervezas y amigos, alguno de ellos siempre tiene algo mejor que el resto. Quizás os suena, ese amigo que enseña su adorado teléfono móvil modelo X plus al cuadrado con doble tirabuzón y triple cámara frontal, cuando nosotros contamos que nos acaban de regalar un teléfono de última generación por domiciliar la nómina en el banco. Seguro que otro de esos amigos, o el mismo, cuando digamos que el día anterior fuimos a hacer una ruta de descenso de cañones en un río, y que nos tiramos de 5 metros de altura a una poza, estará el que diga que él se tiró de 7, y el otro, preferiblemente si es cuñado del anterior, y más bajito y feo, dirá que se tiró de 9 metros. Y allí mismo puede que haya, y con suerte la conozcamos algún día, una chica que en el mismo río se tiró del barranco de 12 metros, 3 veces seguidas; y no lo contará, porque no quiere participar en el concurso de pavos y pavas, porque no necesita compararse, y ganar… y es que los mejores no compiten.
   Recuerdo otra vez, enfrente de las Islas Cíes, en la playa que más me gusta del mundo mundial, que llegó una familia desde el parking hasta la arena, y extendieron las toallas por allí cerca. El hombre iba vestido con pantalón y camisa; seguramente dejó los zapatos, la chaqueta y la corbata en el coche. Pensé que tal vez se trataba de un hombre de negocios, de éxito, con un coche de alta gama y un ático en la ciudad. También puede que fuera un viajante de máquinas de coser. Ninguna de estas cosas importaba, porque lo que pensé es que cualquiera que 5 minutos después le viera no se preguntaría nada de eso. En aquella playa a nadie le importaba el diámetro de los biceps, ni la definición de los músculos abdominales, o la marca del traje, o el coche aparcado, ni la nacionalidad o el acento, las posesiones o dedicaciones. Y es que el hombre, al igual que su mujer, al revés que sus dos hijos adolescentes que, pudorosos, prefirieron ser los únicos diferentes en toda la playa, se quitó el pantalón, la camisa, y los calzoncillos ejecutivos, y de la mano de su mujer fueron a zambullirse, desnudos y libres de miradas y prejuicios propios y ajenos, en las gélidas y transparentes aguas.
   Después, observé la mirada de una señora de más de 70 años, con los cabellos ondulados y plateados por la edad, que al lado de su marido, estaba en la toalla sentada observando la puesta de sol, que tímidamente le daba en la cara, protegida por un sombrero de paja. Aún hoy recuerdo aquellos ojos vivaces que irradiaban luz, amor, paz y serena libertad, en el anochecer de la playa nudista, en la que tan solo existía una única cosa: ese preciso momento previo a la puesta de sol, justo después de salir del agua, sentados en la toalla, escuchando el murmullo tranquilo de las olas y los aleteos de las primeras gaviotas aterrizando en la arena.
   Si la vida realmente tiene algún sentido puede que sea el de disfrutar con las personas que amamos compartiendo momentos que mueren.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El flamenco más rosa

   Todos los flamencos intentan ser el macho de color rosa más vivo e intenso, porque eso es signo de buena salud y fortaleza para cuidar a su futuro polluelo. ¿Pero por qué muchas personas siguen intentando ser “el flamenco más rosa“?



   El otro día dije que un árbol no se compara, simplemente se dedica a ser un árbol que crece buscando la luz, solo es. Y ese ES lo pongo en letras grandes porque es lo que quiero destacar en esta reflexión. Creo que la vida es un viaje hacia adentro, en el que como seres individuales conectados con todo lo demás, y ahora pongo en letras grandes la palabra TODO, deberíamos aprender de los sabios árboles que están aquí mucho antes que nosotros, y seguirán mucho después de que nos hayamos ido; porque no se comparan y buscan la luz.
   No se comparan: el flamenco más rosa es el que tendrá más posibilidades de “perdurarse” a través de los genes que transmite a la próxima generación. Está programado para ello. Nosotros no somos flamencos, aunque sigamos siendo animales. Incluso el flamenco más rosa, no quiere ser el más rosa, y ahora pongo en letras grandes la palabra MÁS. Tampoco se compara, solo lo hace lo mejor posible, y si los demás son menos rosas, lo decidirá una hembra.
   Seguro que tú que lees esto, tienes cerca a un jefe autoritario y mandón, que ahora te dice que hagas con urgencia esto, y después se le olvida que te lo mandó, o te dice que dejes esa tarea para centrarte en otra nueva que ahora sí, es lo prioritario… Muchas veces, detrás de esa actitud hay un niño chico que no se quiere, que necesita demostrar autoridad para alimentar un poquito su maltrecho ego, su dañada autoestima. Y si la simple existencia de ese jefe te irrita, te molesta, desearías que le atropellara una caravana de dromedarios, es porque te comparas con él y crees que eres mejor. Si así es, siéntete agradecido por encontrarte con una persona que te pone enfrente de la cara un espejo que te enseña lo que no te gusta de ti mismo.

   «No nos gustan algunos seres humanos porque nos reflejan algo que no nos gusta dentro de nosotros. Pensamos que está en el otro, pero en realidad nosotros mismos cargamos con este rasgo. Ahora bien, si estuvieras vacío de este rasgo que no te gusta, no lo juzgarías. Cuando estás libre de ese juicio, el rasgo deja de aparecer, incluso fuera de ti. No lo ves, o como mínimo lo contemplas con gran compasión y comprensión, porque sabes que no es intencionado. En realidad no somos ignorantes por elección. Parece como que algo oculta el verdadero ver. De modo que cuando te encuentres con alguien cuya presencia te produzca incomodidad interna, a menudo se debe a que hay algo ahí, dentro de ti, sobre lo que merece la pena reflexionar.» Del libro ‘Fuego Blanco’ ~ Mooji
   Buscan la luz: “Tu tarea no es buscar el AMOR, sino buscar y encontrar dentro de ti todas las barreras que has construido con él”. Esta frase tampoco es mía, es de Rumi. Ahora pensad en el mito de la caverna de Platón: estamos atados con las cadenas de nuestros prejuicios, y solo vemos las sombras proyectadas por esos pre-conceptos adquiridos; la luz está fuera de la cueva, tendrás que romper las cadenas para liberarte de quien crees ser, y no eres. Vuelvo a destacar la palabra SER, porque un árbol solamente ES, y no se compara, porque ya es quien tiene que SER.
   Por otro lado, que no haya flores en tu jardín quiere decir que aún no llegaste a la primavera. Cómo quieres que te quieran si no has empezado por quererte tú mismo… Por eso nunca debes olvidar tu primer amor; el amor PROPIO. Y como dijo aquel: Dios puso una persona a tu cargo, y ese ¡eres TÚ!

   Post Data: Antes de empezar a escribir estas breves ideas había preparado un guión a mano en medio folio, pero ahora que lo miro por primera vez, me he dado cuenta que no he dicho casi nada de lo que pretendía, por eso el próximo día seguiré, e intentaré ceñirme al listado previsto. Creo que al siguiente artículo le llamaré “Concurso de pavo reales“, y continuaré.

martes, 14 de noviembre de 2017

Levántate y anda

   Quiero compartir con vosotros un maravilloso texto de mi querido Facundo Cabral. Al final he puesto un enlace a la narración completa de voz del propio autor. Hoy no tengo nada más para decir, así que me sentaré tranquilo, y en silencio volveré a escuchar al maestro.


   «Levántate y anda, deja la cama donde te duermes con la multitud y sal a caminar por ti mismo, es decir, por lo único verdadero, es decir, por la vida, entonces despierto bendecirás a todos con tu alegría. Deja la parasitaria tribuna y entra a la cancha a jugar tu partido, deja de complicarte y complicar. Detente y comprobarás que el sentido de la vida está en ella misma.
 
   Puedes llamar a cada cosa como quieras, pero todas las cosas, principalmente las que ni vemos, ni siquiera sospechamos, conforman este luminoso misterio que llamamos vida. Muchas son las cosas pero una la realidad, ¡ábrete!, ¡anímate!, aprende de todo pero ante todo de ti mismo, concéntrate en esto y te iluminarás y esa serena alegría te llevará de estadio en estadio, siempre en ascenso espiritual, intelectual y material, cantando, bailando y amando.
 
   La alegría te hace sabio, no las preguntas. ¿Desde cuándo la obra tiene derecho de preguntarle al creador? Sólo hace falta que te des cuenta de que eres parte del universo, entonces serás para ti y para los demás una constante inspiración. Libre de todo lo que vivas, entonces tu vivir será un arte y en lo más profundo de ti esta la raíz de tanta belleza, sólo a partir de ti cada acto puede ser una totalidad, por eso no pidas más, vive más, ese es el secreto de la riqueza, por eso no debes seguir a nadie como un huérfano, sino seguirte como un hombre, entonces comprenderás que para vivir mejor hay que ser mejor.
 
   Vacíate constantemente, atento al momento, entonces las novedades serán constantes, es decir, te enriquecerás constantemente, entonces, tu espíritu volará. Vacíate de pasado y te llenarás de presente, siempre rico cuando lo vives sin pre-conceptos. En el pasado te encierras con lo muerto, es una muralla que te separa de lo vivo.
 
   Vacíate de pasado y volverás a ser un niño, es decir, un ser abierto a todo, receptivo, y por lo tanto en un constante juego, y el  niño está liviano porque está libre de recuerdos  y experiencias, porque no sabe nada, por eso goza todo, por eso todo lo excita, lo asombra, como el viejo no puede moverse porque sabe demasiado, porque recuerda demasiado, porque sus experiencias lo encadenan a pre-conceptos que lo privan de las novedades, entonces no hay presente, por lo tanto no hay vida, porque la vida está en el ahora mismo.
 
   Las viejas voces de tu interior no te dejan oír las voces nuevas que te llegan del exterior en el presente, que es todo lo que hay. Sólo cuando hay silencio interior se pueden oír las voces del exterior. Sólo en la quietud se puede sentir al eterno movimiento que nos rodea. Sólo en la quietud comprobarás que la hierba, es decir, la vida, crece constantemente y tú eres parte de esa evolución aunque no hagas nada, y sólo tienes que entregarte para tener conciencia de este hacer sin hacedor, entonces te refrescará la espontaneidad.
 
   El ego es el pasado, por eso es viejo y hace que todo te sea pesado. El ego es la memoria de lo que ya no es, por eso te priva de la espontaneidad, es decir, de la audacia, es decir, de un niño. El ego te hace sentir la ilusión suicida de que eres algo aparte, es decir, te ciega, te empobrece, te enfría, y en ese estado sufres a la soledad en lugar de gozarla, y en cuanto más sepas estarás más paralizado, no vivirás, sólo responderás desde tu conocimiento, es decir, mecánicamente y responderás sólo al que tienes enfrente, no a la vida, y sólo por la razón, no por la claridad.
 
   Puedes llamar a cada cosa como quieras, pero todas las cosas, principalmente las que ni vemos, ni siquiera sospechamos, conforman este luminoso misterio que llamamos vida.»

sábado, 11 de noviembre de 2017

Ahora viene lo mejor

Página 60 - capítulo MOMENTOS PEREGRINOS:


     La mañana del primer día con las botas colgadas, que en mi caso fue de forma real, porque las dejé en un muro al lado de la catedral, comenzó desayunando con Marisa en una terraza al sol.


     Estábamos charlando animadamente, y de forma algo melancólica, sobre las rutinas que nos esperaban de allí a unos breves días. Levanté un momento la cabeza de la taza de café, y en una furgoneta de reparto que acababa de aparcar allí, frente a mis ojos, vi escrito: “Ahora viene lo mejor”. Ya no estábamos en el camino, pero todo me seguían pareciendo señales puestas por un guionista retorcido, que estaba escribiendo a la vez que yo, la película de mi vida. En aquel momento cerré el círculo. Algo comenzó con la frase del 2º día de camino en el páramo: “Atento a lo que no se ve”. Ahora estaba atento, y alguien me estaba diciendo que iba a venir lo mejor. Creo que por fin había aprendido lo que quería decir el zorro del principito con lo de “lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve bien con el corazón”.

     Tenía demasiada información almacenada de los últimos días, y poco tiempo de calma para reflexionar sobre ello; por eso decidí guar­dar bien pegado al archivo del corazón cada una de las frases que lle­vaba intrínsecamente adosado un importante conocimiento de mí mismo. Cuando tuviera tiempo en el largo viaje de vuelta en bus del día siguiente, intentaría asimilar algo para poder tomar una decisión. Pero eso lo dejaría aparcado por más de 24 horas, porque todavía quedaba mucho que disfrutar antes de volver a casa… Y a la vida real. ¿Pero, qué es real?

     Nos levantamos de allí. Yo estaba todo emocionado por la frase que acababa de leer, y fuimos de camino al albergue que había reser­vado Sofía para pasar la última noche todos juntos. Era una senda pea­tonal por medio de un parque, en el que se veía al fondo la catedral. Mi sorpresa y alegría fue mayúscula al encontrarnos de frente a Sofía, que venía en dirección contraria, desde el albergue. Aprovechamos las vistas desde allí para hacernos unas fotos, y como no me gusta nada posar, le dije a Marisa que le diese al botón de disparar mientras le contaba a Sofía lo de la furgoneta.


     –Sofía, verás: acabamos de estar desayunando allí –señalé con el dedo a la terraza–, y justo enfrente de mí ha aparcado una furgoneta, ¿y sabes qué ponía? ¡“Ahora viene lo mejor”!
     –Claro –dijo ella sin pensarlo un segundo–. ¡Y he venido yo!
    
     Me hizo mucha gracia su comentario, y sobre todo su forma tan es­pontánea de exclamarlo. Tenía el brazo extendido y apoyado en el hombro de Sofía, y estábamos mirándonos de frente a los ojos, con la catedral al fondo, y ella me dijo otra cosa que me llenó los ojos de lagrimillas dulces:
    
     –Vasco, tienes el don de hacer que la gente que está contigo, se dé cuenta de que cada momento es único.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Matar de hambre mi EGO

   Imaginaos un árbol. Uno viejo y grande. Uno que ha vivido más de 4.000 años y sigue ahí: quieto, tranquilo, majestuoso y frágil. Un árbol no hace daño a nadie, simplemente crece y evoluciona buscando la luz.


   La vida tiene muchas ramas, que nos llevan a otras más peque­ñitas, y se bifurcan hasta llegar al final de cada una de ellas. Las ramas tienen hojas y frutos, y en primavera esporas que surcan mecidas por el viento muchos kilómetros hasta parar en el lugar exacto en dónde ha de nacer un nuevo arbolito. Los árboles son bonitos: en primavera despiertan del letargo y la savia recorre por sus entrañas para florecer de nuevo, y en otoño se visten de colores para preparar su vuelta a la tierra, alimentándola. Los árboles son muy sabios. Me gustan los árboles, y me gusta la vida.
   Pero lo que quiero contaros en este artículo no es la historia de un árbol; lo que quiero es reflexionar del EGO humano, es decir, de eso que nos hace únicos e individuales, y por tanto nos permite caer en las contradicciones de la comparación… Por eso lo del árbol, porque UN ÁRBOL NO SE COMPARA, solo ES.
   Como introducción al tema os pongo el extracto de un texto:
Paré a descansar y comer frutos secos salados en una silla de plástico verde que estaba en el borde de la estrecha senda entre matorrales y encinas viejas por la que caminaba pisando barro recién regado en el que no se apreciaban pisadas cercanas de gentes que me fueran pre­cediendo en la ruta. Una vez más, estaba solo en medio de ningún si­tio, pero al menos sabía de dónde venía y a donde quería ir. Eso era más que suficiente para sentirme motivado con el reto. Al sentarme en la silla me di cuenta de que había un pequeño altar montado en el hueco del árbol que daba sombra al asiento. Era una pequeña figurita de un santo, al que me encomendé para que me ayudase a salvarme de lo que me autodestruía.
Me tomé a partir de entonces  la firme promesa de reflexionar sobre ello: lo que me contamina destruyéndome y autodestruyéndome. Empecé a distinguir ese pequeño matiz entre lo que está dentro de mí, y lo que me viene de afuera. Llegué a la conclusión de que el alcohol, el tabaco o las malas amistades eran cosas destructivas que necesitaría erradicar de mi vida futura de ascetismo anacoreta. Pero empecé a darle aún más importancia a lo que desde dentro, con más fuerza aún que lo externo, podía perturbar mi paz; como por ejemplo los pensamientos pesimistas, la frustración, el rencor o la ira que siempre intentaba apaciguar. Por eso vi de forma nítida la necesidad de matar de hambre mi ego.
Matar de hambre mi EGO: esto es algo interno inherente a cualquiera que tenga alma, que me permite vivir la vida como ser individual, por tanto es algo necesario y de lo que no puedo deshacerme. Pero decidí que podría esforzarme por dejar de alimentarlo. Tenía todavía mucho por recorrer trabajando sobre ello, y estaba dispuesto a enfrentarme al espejo que me mostraba lo que menos me gustaba de mí mismo. Llegué a la certeza de que iba a ser una tarea infinita y complicada que me apasionaba tener por delante.

Ahora pensemos un poco más utilizando para ello EL MITO DEL MINOTAURO, explicado de forma poco ortodoxa y bastante personal en este otro trocito de narración:
El laberinto del Minotauro, reflexioné entre copas de vino: el mito dice que era un toro blanco que sedujo a la mujer del rey Minos, y nació un bebé con cabeza de toro. Lo escondieron en un laberinto hecho por Dédalo, y una vez al año le ofrecían como ofrenda 7 doncellas y 7 muchachos. Al tercer año fue voluntario al laberinto el héroe Teseo, que compinchado con Ariadna, ató un hilo a la puerta para saber volver de regreso. A puñetazos Teseo mató al fiero Minotauro, que el único error que cometió fue haber sido engendrado por un toro.
Ahora vamos a darle una vuelta de tuerca metafísica al asunto: imaginaos que la propia personalidad, nuestro ser, nuestra mente, nuestro cerebro racional es el laberinto en el que estamos encerrados. En esa morada que tan bien conoce el EGO, o sea el Minotauro, se pierden cada vez que entran las 7 doncellas y los 7 muchachos. Vamos a pensar que esos 7 hombres y mujeres representan los pecados capitales. El ego se alimenta por tanto de la lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y orgullo. Pero está la parte negra en la blanca y la blanca en la negra, o lo masculino y lo femenino entrelazado, porque entran 7 muchachas y 7 varones. Yin y yang. Luz y oscuridad. Es decir, las fuerzas opuestas en perfecto equilibrio. Teseo representa nuestra propia lucha consciente contra el ego. En esta historia no hay ni buenos ni malos, porque todos son parte de nosotros mismos. Ariadna representa al AMOR, al ángel que nos cuida. Éste, a través de un hilo nos indica el camino de vuelta, como las flechas amarillas*.
Sigo pensando que hubiera sido mejor matar de hambre al Minotauro. Matar de hambre mi ego… ¡Qué complicado resulta!

“Si quieres despertar a toda la humanidad,
entonces debes despertar la totalidad de tu propio ser.
Si deseas eliminar el sufrimiento en el mundo,
entonces acepta todo lo que es oscuro y negativo en ti mismo.
Porque en verdad el regalo más grande para compartir es:
tu propia transformación.”

*Las flechas amarillas son las indicaciones de dirección en el camino de Santiago.

Fuente de los textos: “La llave del laberinto”.

martes, 31 de octubre de 2017

La realidad

   La realidad es como un dado, del que nuestros sentidos solo alcanzan a ver una cara. Las otras 5 no se ven con los ojos.
   Lo que me pregunto ahora mismo, es si mi dado es diferente del tuyo.


viernes, 27 de octubre de 2017

La milenaria técnica del ayuno

   Hoy es mi décimo día de ayuno. Estrictamente no es un ayuno, porque tomo un brebaje hecho de sirope de arce y palma, con un limón exprimido y una pizca de cayena molida. Es la tercera vez que lo hago, y siempre me ha venido muy bien.



   La fecha buena para esto dicen que es al comenzar la primavera y el otoño. Mi día a día ha consistido en desayunar un vaso de agua del grifo, con dos cucharadas soperas del sirope y un poco de cayena. El sirope tiene los nutrientes necesarios, con el aporte de la vitamina c del limón y la cayena sirve para evitar los bajones de tensión. Más tarde, cuando el cuerpo me lo volvía a pedir, me preparaba otro vaso, y así hasta irme a dormir. Ha habido días de 4 vasos y otros de solo 2, acompañados de alguna cucharadita sopera del sirope cuando no me apetecía tomar el brebaje. También he tomado una manzanilla endulzada con otro sirope que estaba por casa, y así lo gastaba, de agave; y siempre he terminado el día con una infusión laxante. Ninguna cosa extraña, ni milagrosa más.
   Tenéis más detalles en este artículo del que voy a coger un párrafoLa cura del sirope de savia.
   «Esta cura está basada en la milenaria técnica del ayuno. Un ayuno consiste tradicionalmente en no comer nada y beber agua. Si hiciéramos un ayuno convencional, que también es altamente curativo, los primeros días pasaríamos mucha hambre hasta que nuestro cuerpo comprendiera que estamos ayunando y no vamos a comer más. En ese punto perderíamos el hambre. Hoy en día hacer un ayuno convencional puede ser difícil de realizar con éxito, sin embargo existe una posibilidad intermedia: la cura del sirope de savia y zumo de limón. Esta cura nos permite disfrutar de los beneficios del ayuno sin pasar hambre ni tener que abandonar nuestras tareas diarias habituales.»
   Como siempre hay lectores escépticos y críticos contumaces (que no suelen leer más allá del titular antes de hacer sus comentarios), he buscado dos noticias de medios de comunicación serios que dicen cosas como las que paso a resumir:
   «El ayuno durante días o semanas, con solo agua o prescindiendo solo de alguna clase de alimentos, o limitando las horas del día en las que se puede comer, es una práctica casi universal entre las religiones mayoritarias. Algunas le atribuyen cualidades regeneradoras. Desde un punto de vista científico, el ayuno parece aportar longevidad y una mejor salud en estudios con animales y no requiere tantas penalidades como la restricción calóricaY parece que algunos de los beneficios más rápidos y patentes los obtienen los animales con tumores.
   Cuando alguien deja de comer uno o más días, su metabolismo cambia de marcha ante el estrés. La proliferación celular se ralentiza, se activa el proceso de autofagia en la que el organismo elimina células viejas o defectuosas y, en general, comienza a alimentarse de sus propias reservas de energía. Por el momento, se ignora cómo y por qué esta práctica parece ser beneficiosa para la salud.»
   «Mucha gente desconoce que ayunar, siempre de una forma controlada o bajo supervisión médica, puede ser beneficioso para la salud. Cada vez hay más estudios y experiencias clínicas que corroboran los aspectos positivos que tiene no tomar alimentos sólidos con fines terapéuticos, y más aún si ese ayuno va acompañado de ejercicio físico. Es un procedimiento poco conocido aún, aunque hay países como Alemania, Francia, Suiza o Austria, en los que los médicos llegan a prescribir el ayuno como método de curación en lugar de los medicamentos.
   Los beneficios de un ayuno terapéutico bien llevado y controlado no se limitan exclusivamente al ámbito de la salud. Se trata de un procedimiento simple y barato, que podría ahorrar mucho dinero público en camas de hospital y en tratamientos médicos más o menos costosos. El doctor Pablo Saz asegura que “se gasta mucho dinero en algunas de las enfermedades que se resolverían con el ayuno de manera económica. Michalsen, uno de los mayores investigadores del ayuno, dice que si las enfermedades que él resuelve con el ayuno las curase un solo medicamento, sería multimillonario. Porque tendría una publicidad asombrosa y unas ganancias enormes. El problema es que el ayuno no es una patente de la industria farmacéutica”.»

miércoles, 25 de octubre de 2017

La única gran pregunta: ¿De qué está hecha la realidad?

   Imaginaos una cena de filósofos griegos de alrededor del 500 antes de Cristo, sentados entorno de una gran mesa repleta de comida y vino, dialogando sobre la vida, la existencia, los dioses, el universo y todas esas cosas de las que hablaban los hombres dueños de esclavos, dinero y tiempo, cuando no había ni televisión, ni fútbol, y de algo había que hablar.


   Cuando todos se hartaron de comer, Sócrates se puso en pie tambaleante y dijo:
   -Queridos camaradas y sin embargo amigos: quiero hacer un brindis -todos levantaron las copas llenas de vino esperando el motivo-, ¡porque nuestras mujeres nunca se queden viudas!
   -¡Por Baco! -jalearon todos al unísono.
   -Camarera, una jarra más por favor. -Le dijo Tales a la muchacha que pasaba por allí con una bandeja de dulces, y quedándose un momento absorto en sus pensamiento, le preguntó-: ¿Para ti, bella señorita, cuál es LA ÚNICA GRAN PREGUNTA?
   -¿La única gran pregunta, señor? -pensó un segundo mirando hacia arriba y cerrando el ojo izquierdo-. Ya tengo una: ¿De qué está hecha la realidad?
   Algún filósofo se atragantó, a otro le entró la tos, alguno que cabeceaba abrió los ojos, y después de pensar un poco, Jenófanes se animó a iniciar el debate con lo primero que se le pasó por la cabeza:
   -Si los caballos tuvieran manos y supieran dibujar, pintarían a los dioses como caballos -sentenció.
   -Deja a los dioses con sus asuntos -le exclamó Tales-, y responde a la muchacha -buscó con la mirada, pero ella ya se había ido-... ¡La realidad está hecha de agua!
   -No digas tonterías -le rebatió Anáximenes-: Incluso el agua está hecha de aire.
   -¿Aire? -Dudó Sócrates.
   -No sé si es aire o agua, pero tengo claro que hay una materia fundamental de la que todo nace y a la que todo ha de volver -dijo Anaximandro auto afirmándose con gestos positivos con la cabeza.
   -¡Los miletos no tenéis ni idea! -gritó Pitágoras enérgico-. No importa de qué esté hecha la realidad, lo importante es encontrar la proporción de todas las cosas, y para eso debemos apoyarnos en los números.
   -¿Tú qué opinas, venerable Sócrates? -preguntó la muchacha mientras volvía a llenar la copa del pequeño hombre de nariz respingona.
   -Yo solo sé, que no sé nada -contestó sumergiendo su nariz en la copa.
   -Pero entenderás que no es posible beber dos veces de la misma copa, como tampoco es posible sumergirse dos veces en el mismo río, ¿no? -propuso Heráclito, enredando aún más la conversación sobre la única gran pregunta.
   -Perdone que discrepe, maestro, pero ¡no es posible sumergirse en el mismo río ni siquiera una vez! -dijo Crátilo con efusión, y las mejillas sonrosadas.
   -Pongámonos serios, camaradas: solo se puede confiar en la razón para encontrar la verdad -clamó solemne Parménides.
   -Sabéis ese que va una vez por el campo Aquiles, y le apuesta a una tortuga 3 barriles de vino a que gana en una carrera, dejándole ventaja y todo... -desvarío un poco Zenón-. Entonces va la tortuga y le dice: "es imposible que llegues antes que yo a mi línea de salida, porque ya no estaré allí".
   -Creo que nos hemos desviado un poco -puso orden Empédocles, poniéndose en pie-. La realidad está hecha de 4 elementos: agua, aire, tierra y fuego.
   -Eso está muy bien, pero si yo bebo vino, soy vino, porque todo está hecho de pequeñas infinitas cositas -balbuceó Anaxágoras mirando la copa vacía.
   -Tiene que haber cosas diminutas que ya no puedan seguir "cortándose" -propuso Demócrito, y todos se callaron para seguir su discurso con atención-; de lo contrario no podría existir la materia. Estos "incortables" o átomos... se mueven, chocan, forman nuevos compuestos y son indivisibles, lo cual explica las cualidades objetivas del mundo: el peso, la forma y el tamaño. Otras cualidades como el olor solo surgen cuando los átomos de un objetivo interaccionan con los átomos de la nariz humana.
   Sócrates negaba con la cabeza, y preguntó:
   -¿Y el alma inmortal dónde está?
   -Ya estás con tus molestas preguntas -contestó Demócrito-; eres un tocagüevos.
   Visto el silencio, la muchacha que estaba llenando la coma de Heródoto le animó a contar alguna anécdota de su último viaje.
   -Has venido recientemente de Egipto, ¿no es así?, valiente aventurero -dijo ella.
   -Así es, y he podido saber que ¡allí tienen otros dioses y creen en otras cosas!
   -¿Entonces cuáles son las creencias correctas? -propuso un nuevo debate Protágoras-: Si esos egipcios tienen otros dioses y creen en otras cosas, ¿cómo podemos saber quién tiene la razón?
   Después de esto todos se fueron a dormir.
 
   El tiempo, 2.500 años de historia, casi no ha aclarado nada sobre las primeras cuestiones que se plantearon aquellos sabios de Grecia. Pero es que tampoco hemos tenido tiempo para reflexionar con tanta guerra y sinsentido. De esto ya hablé algo en mi primer artículo de "Esquizofrenia de la prisa"...
   Como alguien dijo más tarde: "Sapere aude".

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Sampedro 12:22

   Dicen que las casualidades no existen; que son otros que conspiran a nuestras espaldas. Dicen que el azar es la forma que toma Dios para pasar inadvertido. Dicen que hay que tener fe. Dicen que no hay que creer en lo que no se ve. Dicen tantas cosas…
   Hoy quiero contaros una pequeña anécdota sin importancia. Trata sobre las casualidades, como la de la imagen, que es la órbita que dibuja Venus en 8 años. Bonita, ¿no?

   La historia comienza con una declaración de amor eterno, con la excusa de unas palabras de un tipo que me es simpático, y además lo considero entre esos pocos iluminados de cada época. Se trata de un vídeo de José Luis Sampedro, en el que dice que aunque se sienta ya viejo, aguantará hasta el final, porque a pesar de haber ya vivido lo que le tocaba vivir, y desear irse en paz, tenía el deber de vivir esta vida que nos han regalado, hasta el fin… al lado de su mujer.
   Pues bien, en una de nuestras conversaciones por correo electrónico, le indiqué el minuto y el segundo que quería escuchara del vídeo; que no es otro que el que he comentado. Entonces le puse el link, y 12:22. A ella le gustó, y desde entonces, como si fuera un versículo de algo sagrado, nos declaramos nuestros deseos de seguir juntos hasta el fin con el título de este artículo: “Sampedro 12:22”.
   Evidentemente es algo que no tiene ningún sentido para nadie que no seamos nosotros dos, porque el minuto y los segundos son de un vídeo cualquiera, elegido al azar entre muchas versiones de lo mismo, pero nos divierte ver cada mañana esa hora del reloj. En fin, cosas de enamorados.
   El caso es que tiempo después pasamos por Cuenca a hacer noche en un viaje. Fui yo el que unos días antes había elegido, también al azar, sin fijarme mucho y sin darle ninguna importancia, un hotel. Llegamos en coche hasta la ciudad, pasamos por la catedral, y paré en un rincón para buscar la dirección del hotel en el papel que teníamos impreso: Calle San Pedro, nº 12.
   ¡Qué casualidad!
   Una simple casualidad, nada más. Nos reímos sin darle importancia, porque cada cierto tiempo nos pasan casualidades (en las que no creo desde que tengo conciencia), que solemos interpretar como señales de nuestros queridos ángeles protectores, o como suelo decir yo, de los retorcidos guionistas de nuestros destinos.
   Entramos en el hotel, y me acerqué con el papel de la reserva a la señora de la recepción. Le dimos nuestros documentos, y tecleó el mío en su ordenador.
   -Arkaitz, ¿verdad? -si me llamara Ramón sería evidente que soy yo, pero con este nombre, que casualmente se pude traducir como Pedro, pues a veces no lo tienen claro.
   -Sí, ese soy yo -contesté.
   -Ha estado otra vez aquí, por lo que veo -miraba su pantallita.
   -Una vez estuve en Cuenca, hace muuuchos años, es verdad, ya ni me acordaba, pero ni idea que fuera en este hotel -le contesté.
   -Y ella es… -dijo el nombre de mi ex-mujer, sin fijarse que no correspondía con el nombre del dni.
   -No, no -contesté, sorprendido de la coincidencia de estar en el mismo lugar, como 8 años después.
   -Ah, perdón -se excusó, creyendo que acababa de meter la pata y estaba allí, en el mismo sitio con mi amante, o con mi mujer; o no sé qué pensaría.
   Entonces nos dio la llave, y subimos en el ascensor a la 2ª planta, aún sin fijarnos en el número de habitación, y riéndonos a carcajadas por la coincidencia. Salimos del ascensor, y me fijé en el número que tenía en la llave: la habitación número 2, de la 2ª planta.
   Estábamos en la calle San Pedro de Cuenca, en el número 12, en la habitación 2ª de la planta 2ª.
   ¿No os parece que a veces el destino es como la órbita de Venus, en la que se van dibujando círculos concéntricos, y el pasado se solapa con el presente, y se unen los puntos que quedaron suspendidos en el vacío, cerrando líneas curvas que dibujan bonitas flores de la vida?
   Me tumbé boca arriba en la cama, mirando fijamente al infinito a través del techo, intentando entender las coincidencias… Y me repetía a mí mismo: San Pedro 12:22, Sampedro 12:22, Calle San Pedro, número 12, habitación 22…
   No podía ser casualidad, porque las casualidades no existen.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Escribir un libro, editarlo y venderlo

   Ahora que estoy en la tercera etapa del proceso puedo contar cómo funciona esto de escribir un libro, editarlo y venderlo. Para escribir solo se necesitan dos cosas: tener algo que contar, y contarlo. En cuanto a los porqués de darle a la tecla, solo se me ocurre un motivo, y es el de sentir la imperiosa necesidad de hacerlo; escribir por no poder evitarlo.


   Yo decidí que iba a ser escritor a los 18 años, y entonces empecé con una historia que llegó a un callejón sin salida, por lo que quedó el manuscrito arrinconado en un cajón. Seguí firme con la idea durante 3 navidades seguidas en las que presenté mis cuentos a un concurso, sin éxito. Seguí fracasando al iniciar una nueva historia, y es que en 10 años, ¡solo fui capaz de completar 10 páginas!
   Entonces mi vida dio un giro y me fui 30 días a caminar desde Roncesvalles a Finisterre. Por primera vez en la vida, a los 30 años, tenía una historia que merecía ser contada, y a la vuelta de aquella aventura me enfrenté a la página en blanco tímidamente. Tardé poco en tener 40 páginas, y la tarea de escribir me seguía gustando, pero había algo que no me dejaba seguir. Tal vez no era el momento, y el alumno aún no estaba preparado para encontrar al maestro.
   Todo cambió cuando a los 33 hice un nuevo camino, el 5º, y esta vez la aventura siguió al llegar a casa, porque mi punto de vista se había aclarado sin que yo lo hubiera pretendido. Entonces seguí viviendo la vida que era consciente sería la que no podría evitar escribir. Cuando las aguas volvieron a su cauce me senté tranquilo, y organicé mis ideas en un folio en blanco. Tenía claro qué aquello que viví necesitaba escribirlo, porque quería que cuando fuera un viejo de 80 años, con la memoria marchita, ese yo mío del futuro lejano, pueda leerlo, y así saber que fue real, y le pasó a él.
   Me puse a ello con devoción, persistencia e ilusión. Meses después llegué al fin, y supe que esa era la historia que le regalaría al viejo del espejo del futuro.

   Ya había cumplido el objetivo. Pero al darme cuenta que lo escrito no era otra cosa que la narración de la búsqueda inconsciente de mi propia llave del laberinto, para lo que simplemente me dejé llevar siguiendo las señales del destino; esas que solo se ven cuando estamos atentos a lo que no se ve con los ojos, es decir, cuando aprendemos a escuchar a nuestro propio corazón, fue entonces cuando pensé que sería bueno que otros lo pudieran leer, soñando que les sirva para encontrar su propia llave.
   Por eso me puse en contacto con una editorial de auto edición, para que cada punto y cada coma quedase en el lugar que yo quería, y para que la imagen de la portada y el título fueran los que alguien decidió por mí. Es como si mi participación en toda la historia haya sido la de mero receptor de señales, y transmisor de ideas, nada más. Es una sensación extraña de hacer lo que otros que no ves te van dictando, sin tener muy claro hacia adonde te están llevando, ni para qué. A mi no me importó, porque estaba disfrutando con aquel retorcido juego del laberinto, aunque cada día estaba un poquito más cansado, como dice Fito en una canción.
   Con la editorial todo fue bien, y la maqueta quedó como quería que quedara, y la portada con el corazón con alas y una ranura para la llave, es como si estuviera esperando en el catálogo de imágenes para mi historia. Entonces tocó pagar e imprimir la primera edición. Llegaron las cajas desde la imprenta a mi casa y empecé a repartir los ejemplares entre los primeros interesados, y amigos y parientes. Esto fue muy bien porque fueron más de 100 ejemplares echados a volar en pocos días.
   Después ha llegado la parte ingrata y más complicada del proceso, que no es otra que la de vendedor de libros a puerta fría. Y es que las librerías tienen una puerta de mármol a la sombra para los escritores principiantes y sin nombre, como yo. Me gustaría decirles a esos libreros que he invertido mi alma entera y parte del corazón en esas 300 páginas, y que todo el que lo lea sentirá que han sido 18€ pagados con gusto; pero eso son solo palabras.
   En eso estamos, y menos mal que lo único que di fue todo.