miércoles, 24 de mayo de 2017

Cielo o Infierno

Un hombre murió y como había sido un hombre muy bueno, le dieron a escoger entre pasar la eternidad en el Cielo o el Infierno ¡Como él quisiera! Como cuando el hombre estaba vivo, había sido profesor de lógica, pidió que le mostraran el Cielo y el Infierno, para poder escoger con Lógica. El Ángel estuvo de acuerdo a esa petición, así que primero lo llevó al Infierno.

En el Infierno, el hombre vio una gran mesa donde estaba servido un maravilloso banquete. Habían los manjares más exquisitos que se pudiera imaginar. Al ver esto el hombre dijo “Ah! No está nada mal!”. Pero entonces miró a las personas que estaban sentadas en la mesa y vio que todos estaban delgadísimos, casi en los huesos. Se les veía verdaderamente hambrientos y todos estaban llorando, lamentándose, sufriendo.
El hombre, miro al Ángel y Protestó:– Esto no puede ser! ¿Por qué Dios tortura a estas personas así? ¿Es que no las puede perdonar?
El Ángel Sonrió y dijo:– Dios no los “tortura”. Dios los ha perdonado hace mucho, por eso les ofrece todos esos manjares tan exquisitos.
Entonces el hombre fue hasta una de las mesas y señaló uno de los cubiertos mientras le decía al Ángel:– ¿Pero no ves que aquí hay trampa? ¡Dios los está engañando! Les pone estos manjares tan maravillosos delante de sus ojos, ¡pero luego les da unos cubiertos de un metro de largo! ¿Tú te crees que alguien podría comer con un tenedor de un metro de Largo?
El Ángel sonrió de nuevo:– Dios no los está torturando, son ellos los que eligen pasar hambre. Es su Libre Albedrío, es lo que ellos eligen, así que ni tú ni yo podemos hacer nada.
Aquello del “Libre Albedrío” le sonaba “demasiado místico” a nuestro hombre, que no estaba nada convencido. Pero entonces el ángel lo tomó del brazo y lo llevo volando al Cielo para que pudiera contemplar.
En cuanto nuestro hombre vio el Cielo, entonces comprendió todo…
En el Cielo había exactamente la misma mesa que en el Infierno. La gente también tenía esos cubiertos de un metro de largo. Pero, sin embargo, aquí todos sonreían. Todos eran felices. Y a todos se les veía bien alimentados, y disfrutando de su banquete.
¿Cuál era la diferencia?
En el Cielo, cada persona usaba su tenedor y su cuchillo de un metro de largo para darle de comer a la persona que tenía enfrente. Y quien estaba en frente, daba de comer a quien estaba delante. Como resultado, todo el mundo estaba dándole de comer a alguien más y todos se alimentaban. Todos comían felices, y todos estaban bien nutridos.
Al ver esto, nuestro hombre comprendió. En verdad era una cuestión del Libre Albedrío. Los que vivían en un Infierno, en realidad, tenían las mismas oportunidades que los que disfrutaban de una feliz vida en el Cielo. Lo único que les distinguía era la forma en que ellos mismos decidían comportarse.

viernes, 12 de mayo de 2017

Don´t STOP walking

Aún guardo con cariño la libreta que compré en mi primer camino de un mes en el 2012, en donde apunté muchos nombres de gentes que me acompañaron en aquel peregrinar tan importante para mí.
Me puse a escribir un libro de aquello, pero lo dejé a las pocas páginas. Lo comparto aquí para el que lo quiera leer.

34 páginas, que es hasta donde escribí: PDF completo

jueves, 11 de mayo de 2017

Elogio a la lentitud

Una charla de TED talks en la que Carl Honoré habla de las cosas que aprendió cuando se dio cuenta de que necesitaba echar el freno y desacelerar.

Son casi 20 minutos eternos. Seguramente demasiado tiempo para los que viven en la esquizofrenia de la prisa... Para los demás, aprovechad para reflexionar sobre ello.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Los verdaderos amigos

Os presento al amigo Leandro Karnal, que dice así:
Amigos son pocos y escasos a lo largo de la vida. Y eso es una lección que yo duramente aprendí. Tenemos cientos de conocidos, pero tenemos pocos amigos.

Ya propuse una vez, y hay una prueba eficaz e infalible para que apliquen sobre la amistad. Al volver a casa en los próximos días reúnan a unos amigos y hable sobre el éxito de su vida; no hable de fracasos. El fracaso provoca solidaridad entre todas las personas. El fracaso provoca proximidad entre las personas. Si yo digo que tengo un cáncer, recibiré abrazos de todas las personas. El fracaso, el dolor, la enfermedad no es una señal de amistad. Digan: “Yo estoy bien, nunca he ganado tanto dinero en la vida, estoy amando y siendo amado, y tengo muchísimo éxito y va cada vez va a mejor”. Un test infalible.

Inmediatamente mire a la cara de la persona. Solo un amigo va a sonreír y emocionarse con su éxito. Los otros, van a decir “Eh.. ¿ah sí?… vaya… estás un poco subidito, ¿no?”. Los demás se van a molestar. El que se molesta es porque no le caigo bien. Quien se incomoda es porque está compitiendo conmigo. El que se molesta es que no tolera mi éxito.

O como dice una a quien ahora llamo semi-amiga, que es la categoría de enemigos que me abrazan. Dice esta semi-amiga: “Guau, Leandro!! Vas por todo Brasil dando charlar y escribes muchos libros; toda la gente quiere escucharte… y eso se acaba, eh, eso pasa!!” 

Todavía no ha pasado, pero pasará un día. Me gustaría que simplemente, ese día, porque efectivamente todo pasa, que este día fuera uno después del de ella, para que yo pueda acompañarla a su entierro y decir: “Sí, efectivamente todo pasa…”. Y el de ella antes que el mío.

domingo, 7 de mayo de 2017

Siempre ahí

Otro trocito del libro, que casualmente lo he releído hoy:

"Este viaje, como me solía pasar, había hecho acelerarse el tiempo, y lo que en realidad fueron 15 días ausente, en mi percepción interna habían parecido 3 meses largos.


–Hijo, ¿me pongo las zapatillas y bajo a buscarte?
–Me haría mucha ilusión.

Era el broche perfecto a un viaje perfecto. Los últimos minutos son en subida, desde la playa hasta mi casa. Me estaba costando ter­minar la jornada, y todo el cansancio de la aventura parecía que es­taba cayendo a plomo sobre mí. Al fondo vi bajar a mi madre. Sonreí. Nos acercamos, y le di un abrazo que no se esperaba, porque era el primero que nos dábamos en la vida.

–Ama, te quiero –Y esto era la primera vez que se lo decía.

Apreté aún más los brazos, hasta que vi que mi madre se estaba emocionando un poquito. Era la primera vez que le daba un abrazo y le decía que la quería. Se lo había prometido a Jose unos días antes, y lo cumplí. Él solía decir que solo se puede saber cuánto te quiere una madre, cuando eres padre. Yo no sé lo que es querer a un hijo, pero si mi madre me quiere más que yo a ella, tiene que ser mucho, mucho, mucho; porque yo la quiero hasta el infinito y más allá, ida y vuelta. Le puse a ella mi mochila, para que me ayudara ese trecho, por­que ya no me quedaban más fuerzas; y como siempre, ella estaba allí. Fuimos caminando juntos y tranquilos por el paseo entre encinas cen­tenarias, que era por donde me llevaba ella en el carricoche cuando era pequeñito. Terminamos el paseo hacia casa, sentados en un banco en una zona ajardinada, junto a un río, contándole lo contento y tranquilo que volvía de mi viaje.

Sin ninguna duda, hasta hoy, este fue el momento más feliz de mi vida."

jueves, 4 de mayo de 2017

Jardín de cáctuses de la amistad

Un trocito de mi libro, que dice así:

Los últimos años, desde que me divorcié, me dio por hacer cosas que en los últimos años de casado no hacía. Cosas como salir de copas, ir al gim­nasio, al monte, en bicicleta, de vacaciones a los caminos, de trekking por Nepal, tirarme de un avión, hacer submarinismo, y muchas otras cosas. Era como el pájaro que ha vivido enjaulado y al que por sorpresa le abren la puerta y echa a volar. Esta frenética actividad social hizo que fuera conociendo cada vez más gente y más gente y más gente con aficiones comunes a las mías. El problema era que en el divorcio me había quedado solo: por­que me volví a casa de mis padres; porque las amistades en el pueblo donde viví con mi mujer me obligaban a hacer planes que me depri­mían; y porque ya no me quedaban las pocas amistades que tenía a los 20 años. Si digo que esto de conocer gente nueva tras haber tenido que empezar de cero por primera vez en mi vida es un problema, es porque me imposibilitaba a decir que NO a los planes que me iban saliendo. Recuerdo el calendario de los últi­mos años lleno de colores con cada uno de los planes confirmados, y el día a día que me consumía. Ese miedo a decir que no, hizo que cada vez tuviera más y más “amigos” con los que quedar.


Bajábamos muy tranquilos, y por eso tuvimos tiempo de charlar de metafísica espiritual de andar por casa sobre quitarse el lastre de los amigos que restan. Porque eso es lo que hice cuando me di cuenta de que tenía demasiados compromisos semana a semana, que me impedían hacer lo que realmente quería hacer; como por ejemplo: salir del trabajo un viernes frío de invierno, e ir a casa a comer y echar la siesta en pijama y calcetines por encima de los pantalones, y no quitármelos hasta el lunes a las 7 de la mañana para ducharme y vol­ver al trabajo que encadenaba mis sueños.

¿Y cómo te quitas de encima los “amigos” que te impiden ser tú mismo? Esto es una pescadilla que se muerde la cola: porque si no eres tú mismo no eres capaz de quitarte de encima lo que no te conviene; y si no te quitas de encima todo eso, no eres capaz de llegar a poder ser tú mismo. Por eso lo que yo hice en aquel momento, fue dejar pasar el Tiempo guardando la Distancia necesaria, que permite ver las cosas con perspectiva, o dicho de forma más simple: dejar de regar. Porque para mí, las amistades y la gente que me rodea, son un jardín de flores de todo tipo. Pero para explicarlo basta decir que unas amista­des son como cáctuses y otras como orquídeas o rosas del principito: esta era una rosa protestona, que se quejaba del frío y del viento, a la que había que hacer compañía y llevar de paseo; en definitiva: que había que “regar” de forma constante. Y lo que yo decidí una vez, y cada vez que me daba cuenta de que las amistades y el fluir de los compromisos y obligaciones no me deja­ban hacer lo que quería hacer, y por tanto, no me dejaban ser libre; fue dejar de regar.


La forma más cómoda para dejar de regar es no ponerse en contacto con nadie. Vamos a suponer que tenemos 50 personas con las que periódicamente hacemos planes. De esas 50 per­sonas, si un día decidimos no volver a dar el paso de contactarlos, no sé cuantos, pero tal vez 10, jamás de los jamases volverán a acordarse, o si se acuerdan, nunca de los nunca jamás volverán a dar el paso de preguntarte si estás vivo. Si de esos 10 echamos de menos a alguno, no tenemos más que llamarle, porque el orgullo nunca hizo feliz a nadie.

El siguiente paso para dejar de regar el jardín de las amistades, es decir que no a planes que no nos apetecen. Hay mucha gente que está en nuestro entorno cuando obtiene algo a cambio. Hay gente que necesita tu amistad porque eres más bajo, o más feo, o corres más despacio, o tienes un sueldo peor. Ese tipo de gente sale de tu vida cuando no les vales para compararse contigo y ganar, o simplemente no compites contra ellos. Hay otros que necesitan contar sus quejas a alguien, y te dicen que no soportan a sus parejas, y que están hartos de nosequé y nosecuantos. A este tipo de gente siempre les digo lo mismo: “No vuelvas a contarme un problema por segunda vez, si no has hecho nada para solucionarlo”.


En definitiva, cuando dejas de regar por un tiempo tu jardín de las amistades, te das cuenta que las orquídeas y las rosas, y todas esas florecillas delicadas que hay que cuidar constantemente, han muerto. Y es un alivio, porque las rosas siempre creen que son lo más importante, el centro del universo, el ombligo del mundo, y cuando se dan cuenta de que pasas de ellas, porque te aburren e in­cordian, se enfadan y desaparecen, o simplemente, no se vuelven a acordar de ti nunca más, porque ni siquiera te echan de menos.

Tras un tiempo sin regar las amistades, los que no se mueren, son los cáctuses. Y por eso me gusta mi jardín de cáctuses de las amistades. [Ya sé que el plural de “cactus” es “cactus”, pero me gusta cómo suena la palabra “cáctuses”]. Estos son amigos que están ahí, aunque pase un tiempo y no sepas de ellos, pero están.

martes, 2 de mayo de 2017

Monumento a la tolerancia

La obra es de Eduardo Txillida, el texto que está allí al lado en una piedra y reproduzco es de E. Wiesel, y la bici es mía :)


"Deteneos, hombres y mujeres que pasáis, deteneos y escuchad.
Escuchad la voz de Sevilla, voz herida y melodiosa. La de su memoria, que es también la vuestra, es judía y cristiana, musulmana y laica, joven y antigua: la humanidad entera en sus sobresaltos de luz y sombras, se recoge en esa voz para extraer del pasado fundamentos de esperanza.
Aquí como en otros sitios, se amaba y odiaba por razones oscuras y sin razón alguna; se hacían rogativas por el sol y por la lluvia; se interpretaba la vida dando muerte; se creía ser fuerte por perseguir a los débiles, se afirmaba el honor de Dios, pero también la deshonra de los hombres.
Aquí, como en otros sitios, la tolerancia se impone. Y lo sabéis bien vosotros, hombres y mujeres que escucháis esta voz de Sevilla. Sabéis bien que, cara al destino que os es común, nada os separa. Puesto que Dios es Dios, todos sois sus hijos. A sus ojos, todos los seres valen lo mismo. La verdad que invocan no es valida si a todos no los convierte en soberanos.
Ciertamente toda vida termina en la noche, pero iluminarla es nuestra misión.
Por la tolerancia"