domingo, 7 de mayo de 2017

Siempre ahí

Otro trocito del libro, que casualmente lo he releído hoy:

"Este viaje, como me solía pasar, había hecho acelerarse el tiempo, y lo que en realidad fueron 15 días ausente, en mi percepción interna habían parecido 3 meses largos.


–Hijo, ¿me pongo las zapatillas y bajo a buscarte?
–Me haría mucha ilusión.

Era el broche perfecto a un viaje perfecto. Los últimos minutos son en subida, desde la playa hasta mi casa. Me estaba costando ter­minar la jornada, y todo el cansancio de la aventura parecía que es­taba cayendo a plomo sobre mí. Al fondo vi bajar a mi madre. Sonreí. Nos acercamos, y le di un abrazo que no se esperaba, porque era el primero que nos dábamos en la vida.

–Ama, te quiero –Y esto era la primera vez que se lo decía.

Apreté aún más los brazos, hasta que vi que mi madre se estaba emocionando un poquito. Era la primera vez que le daba un abrazo y le decía que la quería. Se lo había prometido a Jose unos días antes, y lo cumplí. Él solía decir que solo se puede saber cuánto te quiere una madre, cuando eres padre. Yo no sé lo que es querer a un hijo, pero si mi madre me quiere más que yo a ella, tiene que ser mucho, mucho, mucho; porque yo la quiero hasta el infinito y más allá, ida y vuelta. Le puse a ella mi mochila, para que me ayudara ese trecho, por­que ya no me quedaban más fuerzas; y como siempre, ella estaba allí. Fuimos caminando juntos y tranquilos por el paseo entre encinas cen­tenarias, que era por donde me llevaba ella en el carricoche cuando era pequeñito. Terminamos el paseo hacia casa, sentados en un banco en una zona ajardinada, junto a un río, contándole lo contento y tranquilo que volvía de mi viaje.

Sin ninguna duda, hasta hoy, este fue el momento más feliz de mi vida."