martes, 31 de octubre de 2017

La realidad

   La realidad es como un dado, del que nuestros sentidos solo alcanzan a ver una cara. Las otras 5 no se ven con los ojos.
   Lo que me pregunto ahora mismo, es si mi dado es diferente del tuyo.


viernes, 27 de octubre de 2017

La milenaria técnica del ayuno

   Hoy es mi décimo día de ayuno. Estrictamente no es un ayuno, porque tomo un brebaje hecho de sirope de arce y palma, con un limón exprimido y una pizca de cayena molida. Es la tercera vez que lo hago, y siempre me ha venido muy bien.



   La fecha buena para esto dicen que es al comenzar la primavera y el otoño. Mi día a día ha consistido en desayunar un vaso de agua del grifo, con dos cucharadas soperas del sirope y un poco de cayena. El sirope tiene los nutrientes necesarios, con el aporte de la vitamina c del limón y la cayena sirve para evitar los bajones de tensión. Más tarde, cuando el cuerpo me lo volvía a pedir, me preparaba otro vaso, y así hasta irme a dormir. Ha habido días de 4 vasos y otros de solo 2, acompañados de alguna cucharadita sopera del sirope cuando no me apetecía tomar el brebaje. También he tomado una manzanilla endulzada con otro sirope que estaba por casa, y así lo gastaba, de agave; y siempre he terminado el día con una infusión laxante. Ninguna cosa extraña, ni milagrosa más.
   Tenéis más detalles en este artículo del que voy a coger un párrafoLa cura del sirope de savia.
   «Esta cura está basada en la milenaria técnica del ayuno. Un ayuno consiste tradicionalmente en no comer nada y beber agua. Si hiciéramos un ayuno convencional, que también es altamente curativo, los primeros días pasaríamos mucha hambre hasta que nuestro cuerpo comprendiera que estamos ayunando y no vamos a comer más. En ese punto perderíamos el hambre. Hoy en día hacer un ayuno convencional puede ser difícil de realizar con éxito, sin embargo existe una posibilidad intermedia: la cura del sirope de savia y zumo de limón. Esta cura nos permite disfrutar de los beneficios del ayuno sin pasar hambre ni tener que abandonar nuestras tareas diarias habituales.»
   Como siempre hay lectores escépticos y críticos contumaces (que no suelen leer más allá del titular antes de hacer sus comentarios), he buscado dos noticias de medios de comunicación serios que dicen cosas como las que paso a resumir:
   «El ayuno durante días o semanas, con solo agua o prescindiendo solo de alguna clase de alimentos, o limitando las horas del día en las que se puede comer, es una práctica casi universal entre las religiones mayoritarias. Algunas le atribuyen cualidades regeneradoras. Desde un punto de vista científico, el ayuno parece aportar longevidad y una mejor salud en estudios con animales y no requiere tantas penalidades como la restricción calóricaY parece que algunos de los beneficios más rápidos y patentes los obtienen los animales con tumores.
   Cuando alguien deja de comer uno o más días, su metabolismo cambia de marcha ante el estrés. La proliferación celular se ralentiza, se activa el proceso de autofagia en la que el organismo elimina células viejas o defectuosas y, en general, comienza a alimentarse de sus propias reservas de energía. Por el momento, se ignora cómo y por qué esta práctica parece ser beneficiosa para la salud.»
   «Mucha gente desconoce que ayunar, siempre de una forma controlada o bajo supervisión médica, puede ser beneficioso para la salud. Cada vez hay más estudios y experiencias clínicas que corroboran los aspectos positivos que tiene no tomar alimentos sólidos con fines terapéuticos, y más aún si ese ayuno va acompañado de ejercicio físico. Es un procedimiento poco conocido aún, aunque hay países como Alemania, Francia, Suiza o Austria, en los que los médicos llegan a prescribir el ayuno como método de curación en lugar de los medicamentos.
   Los beneficios de un ayuno terapéutico bien llevado y controlado no se limitan exclusivamente al ámbito de la salud. Se trata de un procedimiento simple y barato, que podría ahorrar mucho dinero público en camas de hospital y en tratamientos médicos más o menos costosos. El doctor Pablo Saz asegura que “se gasta mucho dinero en algunas de las enfermedades que se resolverían con el ayuno de manera económica. Michalsen, uno de los mayores investigadores del ayuno, dice que si las enfermedades que él resuelve con el ayuno las curase un solo medicamento, sería multimillonario. Porque tendría una publicidad asombrosa y unas ganancias enormes. El problema es que el ayuno no es una patente de la industria farmacéutica”.»

miércoles, 25 de octubre de 2017

La única gran pregunta: ¿De qué está hecha la realidad?

   Imaginaos una cena de filósofos griegos de alrededor del 500 antes de Cristo, sentados entorno de una gran mesa repleta de comida y vino, dialogando sobre la vida, la existencia, los dioses, el universo y todas esas cosas de las que hablaban los hombres dueños de esclavos, dinero y tiempo, cuando no había ni televisión, ni fútbol, y de algo había que hablar.


   Cuando todos se hartaron de comer, Sócrates se puso en pie tambaleante y dijo:
   -Queridos camaradas y sin embargo amigos: quiero hacer un brindis -todos levantaron las copas llenas de vino esperando el motivo-, ¡porque nuestras mujeres nunca se queden viudas!
   -¡Por Baco! -jalearon todos al unísono.
   -Camarera, una jarra más por favor. -Le dijo Tales a la muchacha que pasaba por allí con una bandeja de dulces, y quedándose un momento absorto en sus pensamiento, le preguntó-: ¿Para ti, bella señorita, cuál es LA ÚNICA GRAN PREGUNTA?
   -¿La única gran pregunta, señor? -pensó un segundo mirando hacia arriba y cerrando el ojo izquierdo-. Ya tengo una: ¿De qué está hecha la realidad?
   Algún filósofo se atragantó, a otro le entró la tos, alguno que cabeceaba abrió los ojos, y después de pensar un poco, Jenófanes se animó a iniciar el debate con lo primero que se le pasó por la cabeza:
   -Si los caballos tuvieran manos y supieran dibujar, pintarían a los dioses como caballos -sentenció.
   -Deja a los dioses con sus asuntos -le exclamó Tales-, y responde a la muchacha -buscó con la mirada, pero ella ya se había ido-... ¡La realidad está hecha de agua!
   -No digas tonterías -le rebatió Anáximenes-: Incluso el agua está hecha de aire.
   -¿Aire? -Dudó Sócrates.
   -No sé si es aire o agua, pero tengo claro que hay una materia fundamental de la que todo nace y a la que todo ha de volver -dijo Anaximandro auto afirmándose con gestos positivos con la cabeza.
   -¡Los miletos no tenéis ni idea! -gritó Pitágoras enérgico-. No importa de qué esté hecha la realidad, lo importante es encontrar la proporción de todas las cosas, y para eso debemos apoyarnos en los números.
   -¿Tú qué opinas, venerable Sócrates? -preguntó la muchacha mientras volvía a llenar la copa del pequeño hombre de nariz respingona.
   -Yo solo sé, que no sé nada -contestó sumergiendo su nariz en la copa.
   -Pero entenderás que no es posible beber dos veces de la misma copa, como tampoco es posible sumergirse dos veces en el mismo río, ¿no? -propuso Heráclito, enredando aún más la conversación sobre la única gran pregunta.
   -Perdone que discrepe, maestro, pero ¡no es posible sumergirse en el mismo río ni siquiera una vez! -dijo Crátilo con efusión, y las mejillas sonrosadas.
   -Pongámonos serios, camaradas: solo se puede confiar en la razón para encontrar la verdad -clamó solemne Parménides.
   -Sabéis ese que va una vez por el campo Aquiles, y le apuesta a una tortuga 3 barriles de vino a que gana en una carrera, dejándole ventaja y todo... -desvarío un poco Zenón-. Entonces va la tortuga y le dice: "es imposible que llegues antes que yo a mi línea de salida, porque ya no estaré allí".
   -Creo que nos hemos desviado un poco -puso orden Empédocles, poniéndose en pie-. La realidad está hecha de 4 elementos: agua, aire, tierra y fuego.
   -Eso está muy bien, pero si yo bebo vino, soy vino, porque todo está hecho de pequeñas infinitas cositas -balbuceó Anaxágoras mirando la copa vacía.
   -Tiene que haber cosas diminutas que ya no puedan seguir "cortándose" -propuso Demócrito, y todos se callaron para seguir su discurso con atención-; de lo contrario no podría existir la materia. Estos "incortables" o átomos... se mueven, chocan, forman nuevos compuestos y son indivisibles, lo cual explica las cualidades objetivas del mundo: el peso, la forma y el tamaño. Otras cualidades como el olor solo surgen cuando los átomos de un objetivo interaccionan con los átomos de la nariz humana.
   Sócrates negaba con la cabeza, y preguntó:
   -¿Y el alma inmortal dónde está?
   -Ya estás con tus molestas preguntas -contestó Demócrito-; eres un tocagüevos.
   Visto el silencio, la muchacha que estaba llenando la coma de Heródoto le animó a contar alguna anécdota de su último viaje.
   -Has venido recientemente de Egipto, ¿no es así?, valiente aventurero -dijo ella.
   -Así es, y he podido saber que ¡allí tienen otros dioses y creen en otras cosas!
   -¿Entonces cuáles son las creencias correctas? -propuso un nuevo debate Protágoras-: Si esos egipcios tienen otros dioses y creen en otras cosas, ¿cómo podemos saber quién tiene la razón?
   Después de esto todos se fueron a dormir.
 
   El tiempo, 2.500 años de historia, casi no ha aclarado nada sobre las primeras cuestiones que se plantearon aquellos sabios de Grecia. Pero es que tampoco hemos tenido tiempo para reflexionar con tanta guerra y sinsentido. De esto ya hablé algo en mi primer artículo de "Esquizofrenia de la prisa"...
   Como alguien dijo más tarde: "Sapere aude".