martes, 14 de noviembre de 2017

Levántate y anda

   Quiero compartir con vosotros un maravilloso texto de mi querido Facundo Cabral. Al final he puesto un enlace a la narración completa de voz del propio autor. Hoy no tengo nada más para decir, así que me sentaré tranquilo, y en silencio volveré a escuchar al maestro.


   «Levántate y anda, deja la cama donde te duermes con la multitud y sal a caminar por ti mismo, es decir, por lo único verdadero, es decir, por la vida, entonces despierto bendecirás a todos con tu alegría. Deja la parasitaria tribuna y entra a la cancha a jugar tu partido, deja de complicarte y complicar. Detente y comprobarás que el sentido de la vida está en ella misma.
 
   Puedes llamar a cada cosa como quieras, pero todas las cosas, principalmente las que ni vemos, ni siquiera sospechamos, conforman este luminoso misterio que llamamos vida. Muchas son las cosas pero una la realidad, ¡ábrete!, ¡anímate!, aprende de todo pero ante todo de ti mismo, concéntrate en esto y te iluminarás y esa serena alegría te llevará de estadio en estadio, siempre en ascenso espiritual, intelectual y material, cantando, bailando y amando.
 
   La alegría te hace sabio, no las preguntas. ¿Desde cuándo la obra tiene derecho de preguntarle al creador? Sólo hace falta que te des cuenta de que eres parte del universo, entonces serás para ti y para los demás una constante inspiración. Libre de todo lo que vivas, entonces tu vivir será un arte y en lo más profundo de ti esta la raíz de tanta belleza, sólo a partir de ti cada acto puede ser una totalidad, por eso no pidas más, vive más, ese es el secreto de la riqueza, por eso no debes seguir a nadie como un huérfano, sino seguirte como un hombre, entonces comprenderás que para vivir mejor hay que ser mejor.
 
   Vacíate constantemente, atento al momento, entonces las novedades serán constantes, es decir, te enriquecerás constantemente, entonces, tu espíritu volará. Vacíate de pasado y te llenarás de presente, siempre rico cuando lo vives sin pre-conceptos. En el pasado te encierras con lo muerto, es una muralla que te separa de lo vivo.
 
   Vacíate de pasado y volverás a ser un niño, es decir, un ser abierto a todo, receptivo, y por lo tanto en un constante juego, y el  niño está liviano porque está libre de recuerdos  y experiencias, porque no sabe nada, por eso goza todo, por eso todo lo excita, lo asombra, como el viejo no puede moverse porque sabe demasiado, porque recuerda demasiado, porque sus experiencias lo encadenan a pre-conceptos que lo privan de las novedades, entonces no hay presente, por lo tanto no hay vida, porque la vida está en el ahora mismo.
 
   Las viejas voces de tu interior no te dejan oír las voces nuevas que te llegan del exterior en el presente, que es todo lo que hay. Sólo cuando hay silencio interior se pueden oír las voces del exterior. Sólo en la quietud se puede sentir al eterno movimiento que nos rodea. Sólo en la quietud comprobarás que la hierba, es decir, la vida, crece constantemente y tú eres parte de esa evolución aunque no hagas nada, y sólo tienes que entregarte para tener conciencia de este hacer sin hacedor, entonces te refrescará la espontaneidad.
 
   El ego es el pasado, por eso es viejo y hace que todo te sea pesado. El ego es la memoria de lo que ya no es, por eso te priva de la espontaneidad, es decir, de la audacia, es decir, de un niño. El ego te hace sentir la ilusión suicida de que eres algo aparte, es decir, te ciega, te empobrece, te enfría, y en ese estado sufres a la soledad en lugar de gozarla, y en cuanto más sepas estarás más paralizado, no vivirás, sólo responderás desde tu conocimiento, es decir, mecánicamente y responderás sólo al que tienes enfrente, no a la vida, y sólo por la razón, no por la claridad.
 
   Puedes llamar a cada cosa como quieras, pero todas las cosas, principalmente las que ni vemos, ni siquiera sospechamos, conforman este luminoso misterio que llamamos vida.»