lunes, 18 de diciembre de 2017

Sísifo y el correcaminos

¿Qué pasaría si el coyote consigue alcanzar a su adorado correcaminos? ¿Qué pasaría si Sísifo finalmente logra subir y dejar en equilibrio la piedra en la cima de la montaña?


Existe un final alternativo para la eterna persecución en el que el coyote consigue cazar al correcaminos, con una piedra, precisamente; tal vez sea la misma que se cayó de la montaña de Sísifo. Podéis ver el vídeo de 2 minutos aquí: Coyote and Roadrunner the final chapter.

Sobre esto he pensado mucho los últimos años, y tal vez por eso al encontrarme con este gabinete de curiosidades llamado La piedra de Sísifo, no tuve dudas de que era el lugar en el que quería desparramar las cosas que me pasan por la cabeza. Cada artículo del domingo es como una piedra subida hasta la cima, que se vuelve a caer, y así cada semana incansablemente subiendo rocas. Como curiosidad, sabed que mi nombre es vasco, y en euskera la palabra Harkaitz, quiere decir piedra o roca.

El detonante de la historia sobre esto de perseguir sueños inalcanzables, fue una frase que vi escrita el día antes de llegar por primera vez como peregrino a Santiago de Compostela. Os pongo aquí un enlace a mi blog, por si queréis echarle un vistazo al texto que empecé de aquel maravilloso mes que me cambió para siempre. Fueron 37 páginas que tecleé tímidamente, y que abandoné al toparme con la historia que se convirtió en un libro.

La frase fue: «LA META ES EL CAMINO».

Era por la tarde y ya nadie estaba en el camino en el tramo final, en el que la mayoría de los peregrinos solo caminan por las mañanas, y por eso estaban todos los bares cerrados. El pueblito por el que pasaba estaba desierto, y bajando un trecho empedrado vi a la derecha una frase escrita en el cajetín de los cables de un poste de madera a medio caer: «La meta es el camino». Estaba escrito con un rotulador gordo, sobre un texto más antiguo casi borrado que decía «El camino es la meta». Entonces me di cuenta de que aquella simple frase encerraba muchas cosas que había aprendido tras caminar en solitario casi un mes.

Empecé en Roncesvalles, lo que parecía una eternidad atrás, al lado de una indicación de tráfico que decía «Santiago de Compostela 790Km». Realmente daba miedo pensar en ello. En este momento me faltaba llegar al albergue y dormir para hacer la última jornada, nada más. Fue un mes de sangre, sudor y lágrimas los primeros días, y euforia y alegría los últimos. Tuve que ir al hospital por la infección de una picadura de araña, y casi me rendí por una horrible tendinitis en los dos tobillos. Al ver esa frase, todo aquello quedaba muy lejos, y aunque tenía los dedos pequeños de los pies en carne viva, ya nada me iba a impedir terminar lo que le había prometido a mi orgullo.

Entonces me desinflé al entender que la meta es el camino, es decir, cada uno de los pasos que se da. El objetivo no es llegar a ningún sitio, porque al único lugar que tenemos que llegar es a nosotros mismos. La vida consiste tan solo en disfrutar de cada paso que se da hacia ese hogar al que todos llegaremos al fin. Por eso me desinflé, y me di cuenta de que el tan ansiado sueño de llegar hasta Santiago no era tan importante una vez que me encontraba en paz con mi pasado, presente y futuro. Sentía por primera vez en la vida que no le debía ya nada a nadie, y sobre todo no me tenía que demostrar nada a mí mismo. Eso significaba la meta es el camino, o el camino es la meta.

Por eso, al ver el final alternativo del coyote que caza al correcaminos, pensé que tal vez la vida consista en perseguir correcaminos inalcanzables, y si por fortuna o azar una piedra nos lo brinda, ¡deberemos buscar un nuevo correcaminos!


«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».

Horizonte infinito entre Burgos y León

Don`t STOP walking

Hace ya más de 5 años que hice mi primer camino a Santiago. Lo empecé en Roncesvalles, deprimido y en muy mala forma. Decidí hacerlo del tirón y cogiendo todas las vacaciones del año juntas para escapar de la rutina que entonces me ahogaba. Lo terminé en Fisterra, eufórico y feliz, tras aproximadamente 1.000km y 32 días de aventura.


Tras aquella experiencia dejé aparcado el libro que tenía empezado, y que ahora mismo está en un cajón, a la espera de tal vez ser escrito, y empecé otro sobre aquel mes providencial y decisivo en mi vida. Después llegó la historia que sí tenía que ser escrita completamente, y dejé aquel borrador en 37 páginas tecleadas tímidamente y con poca confianza.

Texto completo: Don´t STOP walking.pdf

El título se me cruzó en el camino, en forma de señal de tráfico que decía ya casi llegando a Santiago de Compostela que no dejase de caminar... Fue el mismo día que en una escondida esquina vi escrito que "La meta es el camino".

jueves, 14 de diciembre de 2017

Cómo ha influido Internet en la pirámide de Maslow

Este artículo tiene tres partes bien diferenciadas: la imagen que viene a continuación da pie para que os cuente cómo de mal lo he hecho yo desde que caí en el agujero de Internet. Después, aunque no es necesario leer mis palabras, os propongo a través de esta nueva revisión de la pirámide de Maslow que penséis cómo de mal lo habéis hecho vosotros hasta ahora.


Pincha para verlo más grande

Ayer hacía un día fabuloso y fui a caminar por el pueblo. Crucé el parque de Mª Luisa, paseé por la ribera del Guadalquivir hasta el puente de Triana, y me senté allí un rato al lado de un gran árbol. Al no llevar el móvil conmigo, me fijé en la gente que pasaba por enfrente de mí, con sus electrodomésticos de última generación para hacer fotos, escuchar música, ver sus redes sociales o la prensa, hablar con alguien los menos, etc… ¡Es como si nadie estuviera allí en ese momento!
Volví andando a casa, y fui repasando mentalmente lo que arriba he dicho que iba a contar, es decir, cómo ha influido en mi vida caerme en el agujero de Internet y las redes sociales en los últimos años:
Un poquito antes de los 30, el 1 de febrero del 2012, abrí mi 1ª cuenta de usuario en Facebook. Recuerdo la fecha porque aquella tarde había quedado con mi mujer para hablar del divorcio y esos detalles como quién se queda con el perro y los muebles. En Facebook fui recuperando el contacto con viejos amigos perdidos en el tiempo y el espacio. Si no hubiera existido esta red social, creo que la forma de masticar mi soledad habría sido diferente. No sé si mejor o peor, pero diferente desde luego.
Ese mismo verano del 2012 me fui al camino de Santiago, desde Roncesvalles hasta Finisterre, 1 mes, yo solo. Tenía un viejo teléfono Nokia del trabajo, sin WiFi ni datos ni ninguna modernidad. Lo encendía, un día sí y dos no, por la tarde al llegar al albergue y después de ducharme, para enviarle a mi hermano un sms diciendo: «Todo bien». Esperaba a recibir el suyo que siempre decía: «Aquí también». Aquel mes no leí la prensa ni vi la televisión, y mientras caminaba tampoco tenía cómo escuchar música… y no echaba de menos ninguna de estas cosas. Algún día llamé para hablar con mi madre, y el 21 de junio, al llegar a Santiago de Compostela envié a toda mi gente un sms de agradecimiento.
El 2013 y 2014 fueron años de transición hasta que vendí la casa que tenía con mi ex, y me fui de alquiler. En el Facebook tenía unos 100 amigos, a veces más, y mucha actividad, porque me aburría bastante en el trabajo. Por la tarde y los fines de semana seguía sin tener Internet en casa ni WiFi o datos en el viejo Nokia del curro, así que salí mucho a tomar cervezas con mis amigos y corrí, caminé y pedaleé, y viajé y me divertí. Y seguí sin ver la televisión y leer la prensa.
A primeros del 2015 mi padre me regaló un teléfono que le habían dado al contratar una nueva línea telefónica. Metí la tarjeta del teléfono viejo en este nuevo, y empecé a tener WhatsApp cuando estaba conectado al WiFi de casa de ellos o en algún bar concreto. Desde el balcón de mi piso de alquiler, si estiraba el brazo también me entraban a veces los mensajes si las condiciones eran propicias para conectarme al WiFi municipal. Por aquel entonces empecé a conocer qué es eso de tener grupos de WhatsApp y mensajes y saber si has leído el último o están en línea y cosas de esas que os sonarán a casi todos. En el Facebook de vez en cuando me daba de baja o desactivaba mi cuenta, pero luego volvía como un yonki a la María.
Hasta que me fui en el verano a mi 5º camino hasta Santiago, y un hombre de dijo lo de «Atento a lo que no se ve» y todas esas cosas que ya he contado sobre mi libro. Aquel año tenía Facebook y WhatsApp, pero no les hice mucho caso en el peregrinaje. Y a la vuelta decidí dejar el trabajo y cerré mi cuenta de Facebook, y me salí de todos los grupos, y como me quedé sin móvil del curro, tuve que darme de alta con un nuevo número, así que aproveché a dárselo solo a las personas que de verdad quería siguieran en mi vida. Ahora mismo son 72 contactos de WhatsApp, y aunque tengo una página de Facebook con mi nombre, que apenas siguen 125 personas, ya no volví a abrir una cuenta de las normales para estar en contacto con “amigos”.
En el 2016 me dediqué a escribir a tiempo completo, y es que para eso había dejado el trabajo, y hace unos meses empecé a colaborar aquí con mis artículos de los domingos, desde aquel primero de junio titulado Esquizofrenia de la prisa. El futuro no lo puedo adivinar, pero sé que traerá nuevas experiencias, y como decía aquel: «No os preocupéis por el día de mañana, porque se cuidará así mismo».
Lo que sí tengo claro, es que este domingo no encenderé el móvil.

martes, 5 de diciembre de 2017

10 estrategias de manipulación mediática

Por Sylvain Timsit


1.- La estrategia de la distracción.
   El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales”.
2.- Crear problemas y después ofrecer soluciones.
   Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3.- La estrategia de la gradualidad.
   Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4.- La estrategia de diferir.
   Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5.- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
   La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantil. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad”.
6.- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
   Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7.- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
   Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores”.
8.- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
   Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
9.- Reforzar la autoculpabilidad.
   Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10.- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
   En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

lunes, 4 de diciembre de 2017

El romanticismo de las cartas escritas a mano

   Ha sido una agradable sorpresa, por inesperada, haber recibido una carta postal escrita a mano. Es de un lector al que le envié un libro hace unas semanas. Por si el hombre quería ponerse en contacto conmigo, le puse en la página final del libro mi dirección de correo electrónico, pero me ha escrito antes de terminar de leerlo, y ha sido a mano y por carta…


   Hace unas semanas recordé que había prometido enviar un ejemplar del libro, terminado, a varios de los personajes que en aquel periplo se cruzaron, para mi fortuna, en mi camino. Uno de ellos fue el abogado que me llevó el asunto de la denuncia a la empresa. Cuando pasó el juicio y me mudé aquí para empezar una nueva vida, me despedí de él, y le dije que le llevaría un ejemplar del libro que iba a escribir en el año sabático que comenzaba en aquel mismo día de junio del 2016.

   Hoy he recibido una carta que el funcionario de correos ha dejado asomada por debajo de la puerta. La he recogido del suelo, y he sonreído al ver que era del abogado. Dentro había una hoja escrita por una cara, en la que me dice cosas como estas: «Enhorabuena por ser el capitán de tu destino y conseguir tus objetivos, a pesar de las tempestades y reveses de la vida.» Además, me dice que está leyendo el libro, y le está gustando, y le parece interesante.
   También hoy he escrito un correo electrónico a otro amigo del que me acuerdo muchas veces, pero para el que no acababa de encontrar el momento de mandarle noticias. Han sido unas breves líneas diciéndole las últimas novedades y preguntándole qué tal le va. Pero una cosa, es decir, el correo que he escrito, al que ha seguido el hecho de recibir la carta postal del otro, me ha llevado a pensar en la cada vez mayor superficialidad de las relaciones personales:
   Pienso que la amistad no se deteriora ni empobrece por dejar de verse con asiduidad; tengo amigos a los que no veo todos los años, y otros con los que no hablo casi nunca. Pero la fuerza invisible que mantiene los lazos fuertes, siempre es la comunicación auténtica y sincera, dejando de lado los remilgos y los tratos corteses. La gente que me gusta es la que no tiene miedo de desnudar su alma, y si es preciso llorar en medio de una conversación sobre algo que quema por dentro.
   Por otro lado, están el resto de relaciones sociales, que no deberían confundirnos. Afortunadamente, soy de los que todavía recuerdan, porque fuimos niños criados en la prehistoria de la tecnología moderna, cuando mi vecino saltaba el muro entre su casa y la mía, para llamarme a la puerta y preguntarme: «¿Quieres salir a jugar al fútbol?». Era fácil y era simple. Ahora es todo más complicado:
   Ahora los chavales se creen que tener 700 seguidores en Instagram los hace populares. ¡Conozco un perrito que tiene más de 1.000! Pero a él le da igual, porque lo que más quiere en el mundo es que sus dueños le den mimos y salgan a correr con él por el parque.
   No somos tan diferentes a los perros.
   Corremos el riesgo de sentirnos solos rodeados de miles de ‘me gusta’, cuando es más sencillo hacer una llamada por teléfono y preguntarle a un amigo qué tal le va; o quedar a tomar unas cervezas y en vez de ver el fútbol o hablar del trabajo, preguntar al otro «¿Qué tal?», esperando una respuesta que no sea la de «Ya sabes, aquí, luchando».
   Me gustan mis amigos, y me gusta hablar con ellos y preguntarles qué tal, y escuchar la respuesta… Me gusta que me pregunten, y contestar sinceramente… Me gusta desviarme de la ruta para parar a visitar a alguien, aunque no lo tenga como amigo en Facebook… Prefiero mirarle a los ojos a una persona que llora contándome un problema, que sonreirle a la cámara de un teléfono y elegir una entre 300 fotos para recibir un poquito de cariño virtual.
   También me gustan las cartas escritas a mano, con mala letra y tachones, y las postales de las vacaciones, aunque nada más que digan: «Me acordé de ti».